viernes, 10 de octubre de 2014

ICHTHYS

"Nosotros, pequeños peces, siguiendo la imagen de nuestro ‘Ichthys’, Jescristo, nacemos en el agua".
Tertuliano (De Baptismo, c. 1).



Allá por la década de los 60 del siglo I de nuestra era, apenas una generación después de Cristo ( ojito, sólo una generación después), los cristianos de Roma usaban un símbolo para reconocerse entre ellos y expresar su fe. Se trataba del dibujo muy esquemático de un pez, formado por dos trazos curvos o arcos que se cruzan en los extremos. En griego "pez" es "Ichthys", palabra que coincide con el acróstico en la misma lengua de Jesús ( Iesous), el Mesías (Cristos), de Dios (Theos) el Hijo (Yios) y Salvador (Soter). Os habéis dado cuenta, ¿no? Para que luego venga el Dan Brown de turno a decirnos con petulancia que eso de la divinidad de Jesucristo fue una invención de la Iglesia (los jerarcas eclesiásticos así lo habrían dispuesto en el Concilio de Nicea de 325 d.C.) en una época tardía, cuando ésta ya gozaba de libertad (desde el reinado del emperador Constantino) y el cristianismo pronto iba a convertirse en la religión oficial del Estado. Pues ya veis que no. Y es que el pez, además de una marca de identidad o contraseña secreta de los primeros cristianos, era una codificada pero auténtica profesión de fe que contenía los títulos cristológicos fundamentales.

sábado, 4 de octubre de 2014

APLASTAD A LA INFAME

La mayoría de nuestros contemporáneos piensa que la Iglesia debería plegarse a la mentalidad dominante, dejarse arrastrar por los "vientos de doctrina" que hoy soplan, mecerse a la deriva de las modas.  Si así fuera, si "la Infame" ("cariñoso" apodo dado a la Esposa de Cristo por alguien tan "amistoso" como Voltaire) se sometiera, si se rindiera al dictado de la ideología triunfante, todo cambiaría. Que duda cabe que la reputación de la Iglesia mejoraría: sería más afín al pensar y al sentir de la mayoría, más democrática, más simpática, más cercana y, sobre todo, menos molesta e insidiosa. Pero ya solamente sería la hermosa fachada de un edificio abandonado y amenazando ruina. Nada más. Y, así, nadie presentaría ya la alternativa existencial y cada vez más escandalosa del Evangelio, la denuncia profética frente a la infidelidad del hombre, el señorío de Dios y su designio amoroso para la humanidad... La minoría gobernante, que desde las sombras maneja a su antojo a la masa, acabaría por fin con el último reducto de resistencia a sus planes demoníacos de dominio sin límites sobre los seres humanos y sus vidas.

Desde la Ilustración, "la Infame" siempre ha sido la enemiga a batir y sus adversarios no van a parar hasta conseguirlo. Los católicos debemos tomar conciencia: estamos en guerra, una guerra que fue declarada hace mucho tiempo y no ha cesado desde entonces, alternándose episodios de mayor virulencia con períodos más tranquilos. Los hijos de la Iglesia somos soldados y hemos de luchar el mismo combate y con las mismas armas que Cristo y los santos. No somos de este mundo. Hoy las hostilidades se han reanudado, quizá estemos librando la ultima de las batallas. Pero, como a un reino menguante y asediado, antes de exterminarnos quieren cobrarnos el tributo.