El lector puede ver clara y distintamente al penetrar de la mano de Tolkien en la fantástica Tierra Media de Frodo y Gandalf, aquellas realidades verdaderas que no alcanza a percibir bajo la densa niebla de las apariencias o tras las sombras cambiantes de la mentira que oscurecen nuestro mundo. La lucha del bien contra el mal, el valor del sacrificio, el amor hacia lo bueno, lo bello y lo vedadero, la esperanza en un reinado dichoso de un Rey justo y bondadoso, la maravilla de la creación, la irrupción en la historia de un Poder invisible y providente que cambia inesperadamente el curso del destino. Ve la fuerza del débil, la grandeza del pequeño, la victoria del humilde, la locura del sabio, la fe del intrépido, la necedad e impotencia de los hombres pretenciosos, su caída, su fracaso, su sometimiento al Señor Oscuro, la muerte acechándoles...
Conocer a los protagonistas de la epopeya de Tolkien es admirar bajo la luz del sol, fuera de la negra caverna, las vidas ejemplares de los santos, de los héroes; vidas auténticas, plenas, dignas de ser emuladas y recordadas en las canciones; vidas en nada parecidas a mi cobarde existencia, destinada a la nada y al olvido si no soy capaz de abandonar sin más demora mi confortable agujero hobbit, aceptar y tomar mi carga, ponerme en camino y desempeñar en la historia el papel reservado por el Creador para mí.
jueves, 17 de septiembre de 2015
martes, 18 de agosto de 2015
Señor del Mundo
Cada vez es mayor la concentración de poder económico, político y mediático en pocas manos. Esta tendencia puede conducirnos en un corto plazo de tiempo al gobierno mundial de un solo líder de características mesiánicas. En la historia podemos rastrear sin esfuerzo los muchos precedentes de la querencia por un dominio universal bajo la férula de un solo caudillo de la comunidad humana, valgan como ejemplos: Alejandro Magno, Octavio Augusto, Carlomagno, Napoleón, Hitler, Obama... El advenimiento de un Mr Felsenburgh, ese presidente planetario de la novela "Señor del Mundo" (recomendada recientemente por el papa Francisco), está muy cerca. Otra vez la ficción viéndose superada por la realidad. Este último emperador será encarnadura de la ideología dominante que persigue uniformar, con una clara vocación totalitaria y gracias a sutiles y eficaces métodos, todas las mentes y todos los corazones. TODOS han de ser intelectual y emocionalmente sometidos; todos deben opinar, pensar, sentir y consumir lo mismo. Se ha de conseguir así la ansiada metanoia, la auténtica transformación de los seres humanos, quedando dispuestos de este modo para ser gobernados por el mismo y único jefe: el Espíritu del Mundo hecho carne.
La venida de este superhombre se prepara con esmero. ¿Quién pondrá remedio a un mundo descarriado? ¿ Quién pondrá fin a los males de la Humanidad Sufriente? La respuesta que ha ido concretándose desde las primeras revoluciones es esta: el hombre, únicamente. Es el giro copernicano de la redención. Ya no hay Dios en el horizonte. Más allá sólo queda una esperanza terrena, la "religión de la humanidad", la fe en lo humano.
Ese Señor del Mundo es quien está por venir. Su reino está cerca. Convertíos y creed en él. Seréis como dioses.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Tolkien y el 25 de Marzo
Tal día como hoy, un 25 de marzo, Frodo (trasunto de Cristo, Siervo Sufriente) llega al Monte del Destino (paralelo del Calvario) y allí, en el fuego donde fue forjado, el anillo único ( el pecado) es destruido.
¿Por qué Tolkien escogió esta fecha? En la Edad Media conforme a la teoría de la " edad íntegra " del profeta ( éste es concebido el mismo día que habrá de morir) la fecha de la muerte en la cruz de Jesús tenía que ser la misma que la de su encarnación, es decir, el 25 de marzo. Tolkien, católico ferviente y consumado medievalista, conocía de sobra estas cosas y quiso hacer coincidir el gran acontecimiento del triunfo sobre Sauron y su poder maligno concentrado en el anillo único, con la efeméride de la victoria de Cristo en la cruz sobre Satanás, el pecado y la muerte.
¿Por qué Tolkien escogió esta fecha? En la Edad Media conforme a la teoría de la " edad íntegra " del profeta ( éste es concebido el mismo día que habrá de morir) la fecha de la muerte en la cruz de Jesús tenía que ser la misma que la de su encarnación, es decir, el 25 de marzo. Tolkien, católico ferviente y consumado medievalista, conocía de sobra estas cosas y quiso hacer coincidir el gran acontecimiento del triunfo sobre Sauron y su poder maligno concentrado en el anillo único, con la efeméride de la victoria de Cristo en la cruz sobre Satanás, el pecado y la muerte.
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