En este rápido esbozo de las resonancias evangélicas que
encontramos en el Señor de los Anillos vamos a detenernos brevemente, antes de
finalizar, en algunos temas: el anillo
de poder y el pecado, la figura del
Mesías en Frodo, Aragorn y Gandalf, la magia y los sacramentos, lo “inesperado”
y la acción de la Providencia.
El anillo único o anillo de Poder forjado por el Señor
Oscuro, Sauron, para atraer y someter a todos los seres que habitan la Tierra
Media es el símbolo del mal y del pecado. Es el poder del Diablo sobre el mundo.
La raza de los hombres es la menos resistente a la influencia del anillo -“la
maldición de Isildur”- y la más fácil de corromper. La forma anular, cerrada en sí misma, hueca y vacía en su
interior, es la forma del egoísmo, causa de todo pecado. El anillo representa la tentación continua,
la inclinación al mal que nos acompaña siempre en el viaje de nuestra vida, la
esclavitud del pecado y el peso de la culpa. Como el pecado original, es una
herencia: Frodo lo recibe, junto a Bolsón
Cerrado y todas sus pertenencias, de Bilbo. Sin embargo, el portador debe deshacerse de él y evitar usarlo. De
otra manera, el anillo le acabará poseyendo y convirtiendole en algo semejante a los espectros del anillo o a la criatura Gollum: un fantasma o un esclavo, un ser desprovisto de identidad y de libertad,
completamente despersonalizado. Sin embargo, ningún hombre, mago o elfo, puede destruirlo,
ni sustraerse a su irresistible y maléfico influjo… a la postre, sólo la
Providencia, sólo Dios.
En la epopeya de Tolkien descubrimos rastros de las tres
líneas mesiánicas ascendentes del Antiguo Testamento que confluyen en Jesús de Nazaret en las tres figuras
crísticas de Aragorn o el Mesías-Rey, del mago Gandalf o el Mesías-Sacerdote y de Frodo o el Mesías-Profeta-Siervo. Más aún, considerando
con más detenimiento el personaje de Gandalf, pueden, también, atisbarse huellas de una línea descendente referida a un Mesías
de origen celeste, divino, pero con apariencia de “Hijo de Hombre”. Pues ¿de
dónde proviene el mago? ¿Cuál es su origen? ¿En qué tiempo remoto vino al
mundo? ¿Quién es realmente?
Aragorn es el rey único, verdadero y legítimo. No obstante,
Trancos “el montaraz” esconderá su auténtica identidad hasta que llegue su
hora, reclame el trono y restaure el reino.
Posee el don de la sanación: las manos del rey son manos que curan, que
devuelven la salud. De modo análogo a Jesucristo, entrega su vida
voluntariamente cuando ya ha cumplido con su misión en la Tierra. Desciende al
seol, para liberar a los muertos de su maldición.
Gandalf es un maiar, un ser angélico enviado a la Tierra
Media mucho tiempo atrás. Es el líder, maestro y consejero de la compañía del
anillo hasta su disolución. En la compañía están representados todos los
pueblos de la Tierra Media, algo que parece indicar la universalidad de la
salvación (puesto que todos pecaron, todos necesitan de salvación). En su triunfo sobre el demonio de Moria o Balrog,
Gandalf experimenta una suerte de muerte y resurrección. El cayado sobre el que
se apoya es símbolo de su autoridad y poder.
Frodo es un hobbit, un ser pacífico y sencillo, sin dotes
especiales, en apariencia insignificante y pequeño, quien, sin embargo, es elegido para llevar a
cabo la gran misión: destruir el anillo. Irá comprendiendo que deberá renunciar
a sí mismo, entregarse enteramente y emplear todas sus fuerzas en la
consecución del objetivo, sin mirar atrás, sacrificándose por el bien de muchos
y, si fuera preciso, dar la propia vida. El dolor y el sufrimiento lo
acompañarán en su periplo, pero al final los grandes y poderosos de la tierra
se postrarán ante él. Es la misma idea del valor salvífico del sufrimiento que
encontramos en los Cánticos del Siervo de Yahvé de Isaías.
La magia usada para el bien por los sabios viene a ser en la
Tierra Media el medio de la Gracia, como los sacramentos lo son en la vida
cristiana. Los efectos de la magia son análogos a los efectos de los siete
sacramentos: curación, alimento, conocimiento,
protección… Por medio de los sacramentos y la magia lo sobrenatural fluye en la
vida y en la historia, el poder de lo invisible irrumpe en el mundo visible y
lo transforma.
Hay, por último, una presencia misteriosa en toda la narración,
una mano invisible reorientando desde lo escondido los acontecimientos, ordenándolos conforme a un
designio director. Nos referimos a la acción de la Divina Providencia. Las
siguientes palabras de Gandalf lo ponen de manifiesto: “ no nos atañe a
nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que están en
nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el
mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra
limpia para la labranza. Pero que tengan sol o lluvia, no depende de nosotros”.
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