Entre las reivindicaciones de los sindicatos convocantes de la última huelga educativa está la de imponer una formación laica y eliminar de la educación pública la enseñanza de la religión católica. Los argumentos que aportan y las razones que aducen provocan en el receptor no ideologizado un asombro mayúsculo, cercano al pasmo: que si los “obispos” por aquí, que si los “curas”por allá, que si el retorno del nacionalcatolicismo por acullá... Pues bien, a estos sindicatos, plataformas, movimientos o como quiera que se denominen, yo les pregunto:
- ¿Quiénes os habéis creído para plantear semejante RECORTE,-sí, sí, con todas las letras y en mayúsculas- en la libertad de los padres a elegir la formación de sus hijos?
- ¿Quiénes os habéis creído para imponer tamaño RECORTE en el derecho a una educación integral del niño, del adolescente, del joven?
- ¿Quiénes os habéis creído para poner trabas a la completa realización de nuestros hijos RECORTÁNDOLE al ser humano su dimensión religiosa, su apertura a la trascendencia y lo trascendente?
- ¿Quiénes os habéis creído para RECORTAR del estudio y del conocimiento de la historia, de la literatura, la música, las artes plásticas, la filosofía, incluso de las ciencias, la magna y luminosa influencia del cristianismo?
- ¿Quiénes os habéis creído para RECORTAR del abanico de respuestas a las grandes preguntas de la humanidad aquellas de contenido religioso o teológico?
- ¿Quiénes os habéis creído para RECORTAR del ámbito académico otras propuestas antropológicas y otras cosmovisiones diferentes, y casi siempre opuestas, a la vuestra?
Yo pregunto: ¿Por qué tanta animadversión hacia la Iglesia y la religión católica?
No espero respuestas claras, sinceras. No importa. Las conozco. Odian a la Iglesia porque saben que es la mejor pedagoga y maestra que existe, porque conoce la auténtica realidad del ser humano, porque defiende como nadie la dignidad, la libertad y el valor de la persona humana con total fidelidad a la verdad, porque se saben un puñado de mequetrefes frente a un rival formidable en la lucha por atraer a los hombres y ofrecerles la felicidad y porque, en fin, no soportan que la salvación del hombre sea cosa de Dios y no de ellos. Aquí está todo el meollo del asunto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario